La brujería a través de los tiempos (1922)
Director: Benjamin Christensen
Titulo: Haxan
Origen: Suiza - Dinamarca
Herética, maldita, pagana, perversa, maliciosa, descarada, demoníaca, idólatra, morbosa, amoral, gore, putrefacta... fabulosa. Todo esto encierra Häxan (se pronuncia "hek-sen"). Desde la excéntrica Freaks (1932) de Tod Browning nunca creí que el cine pudiera haber concebido antes una película tan shockeante y con imágenes que se graban casi a fuego en el inconciente. De lo teórico a lo práctico. Desde la cosmovisión de la creación y la realidad, pasando en detalle por el catolicismo medieval de la prerreforma, hasta llegar a una búsqueda de la verdad a través de lo fáctico, lo científico; más específicamente, el psicoanálisis.
Benjamin Christensen no solo se propone desde el principio como una persona con algo para decir (así lo sugiere exponiendo un primerísimo primer plano de su rostro al inicio) sino que propone una correcta búsqueda de la verdad. Con abstraernos un poco del material, reconocemos que actúa en su propia obra sobre tres papeles distintos: Demonio, Sacerdote y Jesús crucificado. Siendo respectivamente personificado en la condena, la mediación y la salvación. Manifiesto de un trabajo personal donde quiere darnos a conocer su propia cosmovisión de de la realidad sobre los miedos del hombre. Y el temor como síntoma de una percepción errónea de lo verdadero.
Desde el inicio muestra Christensen su material didáctico a través del uso de iris y punteros para señalar las distintas escenas en los cuadros de El Bosco. Presentándonos las convenciones que se detallaran durante el metraje, sirve de introducción a los miedos como creadores de mitos en la angustia del no-saber desde los egipcios al medioevo. (Dato freak: uno de los ídolos demoníacos que aquí se presentan es usado por William Friedkin en The exorcist).
Las escenas que componen el resto del metraje no aluden a la edad media desde el romanticismo, como puede verse en otras realizaciones, sino que se vale del más terrible adjetivo para representar esta era: la edad oscura (aunque considero mas sugestivo su traducción al ingles: dark age). Más de una escena alude directamente a obras de Velásquez, Caravaggio y Goya con su tenebrismo gótico para utilizar el negro como tono predominante llevado a un nivel pictórico. He aquí el cuidado estético de Christensen mediando casi entre el pintor y el cineasta para crear atmósferas desde el claroscuro y hasta valiéndose de vapor para cargar de humedad el aire del encuadre. La música acompaña de sobremanera los colores y la masa de vapor que lleva cada relato. Este uso de los grises supone un vaivén entre las maniqueístas concepciones de bien-mal. Abriendo una paleta de colores moral, el director va más allá del bien y del mal presentándonos al demonio como una persona apasionada, divertida y hasta querible, invirtiendo los iconos convencionales de una sociedad cristiana.
Desde la primacía de la razón, nos quiere erradicar el miedo y la superstición. El film cierra con una reflexión sobre lo que ha provocado poner por encima de la realidad la fantasía. El sufrimiento que el temor antiguo ha provocado desde la ignorancia de eliminar el problema en lugar de observarlo desde la perspectiva psicoanalítica. La tortura solo ha llevado a que la supuesta bruja confiese lo que los inquisidores quieren creer. No en la brujería como utilidad que se ve en el segundo capítulo sino como oníricas reuniones de aquelarres en compañía del demonio, el enemigo cristiano.
En sus freudianas teorías sobre la histeria (claramente influenciadas por el auge del psicoanálisis en los años veinte), el realizador nos trae al presente con un caso particular encarnado por una joven mujer sonámbula y cleptómana. Atribuyendo estas enfermedades a la soledad sexual y la ausencia de su marido. Si durante todo el film se nos muestra a la autoridad como brutal y rebozante de poder, aquí los tonos solo sugieren la compasión y la condescendencia. Se aprovecha el marco histórico de la 1º guerra mundial, donde mujeres solas o viudas pierden el rumbo y las seguridades futuras, mendigas de la vida como María la Tejedora, y su represión sexual se asemeja al celibato o al claustro monacal. Donde creíamos que la pasión sexual solo era obra de Mefistófeles manifestándose en el cuerpo, solo eran las pasiones que no se dejaban reprimir y hacían las veces de normalidad en la psiquis. Como manifestaciones reales de la persona. El cristianismo reniega de la pasión, ergo: el cristianismo reniega de la naturaleza del hombre. El reemplazo de la enfermedad por la superstición y la patología por la represión, comienza una serie de arpegios subjetivos sobre la edad oscura de la historia de la humanidad.
La construcción de la idea de un universo es misión de la ciencia, no de la brujería, la religión, el esoterismo o la superstición: "La creencia en espíritus malignos, hechicería y brujería es el resultado de ingenuas nociones sobre el universo". Hay una clara defensa de la ciencia: "La locura de la bruja puede ser explicada como un desajuste nervioso". El miedo puede controlar nuestra realidad: "La creencia de la gente era tan fuerte que la presencia del diablo se convirtió en algo real", casi comparable al "Gran Otro" del que habla Lacan.
CONCLUSION: La ciencia puede explicar el mito, ya no hace falta invocar a un dios para que llueva. Häxan responde a una necesidad ética en la que el saber se pone al servicio del hombre para superarse, para evolucionar. Solo falta tomar el martillo de Thör, sentir el viento del mar en un navío vikingo y poner a todo volumen The ride of the Valkiries de Richard Wagner para, definitivamente, aspirar el húmedo y oscuro aire del cine nórdico.



