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MI PRIMERA BODA

por Adryan
viernes, 02 de septiembre del 2011 a las 19:27
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Director: Ariel Winograd
Guión: Patricio Vega
Actores: Natalia Oreiro, Daniel Hendler, Daniel Rabinovich, Marcos Mundstock, Imanol Arias, José Soriano, Soledad Silveyra, Gino Renni, Martín Piroyansky, Sebastián De Caro.

Leonora (Natalia Oreiro) y Adrián (Daniel Hendler) están en pleno inicio de su fiesta de casamiento pero el rabino (Daniel Rabinovich) y el cura (Marcos Mundstock) están perdidos en un remis, por lo que  comienzan la fiesta para dejar la ceremonia al final. Leonora es calculadora y obsesiva por el orden de la fiesta. Adrián es un colgado que no entiende ni la fiesta, ni los ritos ni las tradiciones pero que sabe que debe pasar por todo eso para vivir con su novia. Los anillos se pierden, la torta es atacada antes de tiempo, un ex novio que ronda como buitre (Imanol Arias), el abuelo está buscando un porro (José Soriano), un chino va y viene, un DJ indeciso, una madre obsesiva, una madre borracha (Soledad Silveyra), un arma, el vestido se rompe (uf). Todo esto presentado por una secuencia de títulos realizada por Ricardo Liniers.

 

Ya desde el trailer la película es sospechosa. Durante la semana previa al estreno lo que más escuché a mi alrededor fue “no parece una película argentina”. Y esta expresión no sólo es cierta, sino que además cobra muchísima fuerza conforme avanza la historia. Pero la frase no tiene sentido si no se logran reconocer esos aspectos que la hacen distanciarse del tedio promedio (no absoluto) de las producciones nacionales de los últimos años. El argentino por naturaleza es gracioso, extrovertido, natural. Un híbrido hermoso entre boludez y astucia pero que ha dejado de lado estas cualidades para dedicarse a proyectar en pantalla dramas familiares, monólogos, psicodramas histéricos e historias tangueras que intentan crear una fuerte personalidad nacional para conformar a sectores conformistas (el coro que siempre repite: “hay que apoyar al cine argentino” o “haga justicia: películas argentinas, al cine; lo yanki, pirateado”) y alejarse de la condena de ser llamados “cine comercial” o “pochoclo”. ¡Es una película argentina! No tiene por qué compararse con nada del norte ni envidiarle nada al cine de habla inglesa. Esta película se vale por sí misma desde su esencia cómica y dinámica desenfrenada.

Mi primera boda no para. Constantemente se tejen subtramas que se van resolviendo para dar lugar a nuevas con un reparto enorme que resulta en un pulóver prolijo. Dejando lugar a la historia paralela de dos Les Luthiers utilizados a la perfección para relajar, entre escenas, el bombardeo dinámico que es la boda. Ariel Winograd se aleja de la comedia simpática y poco comprometida (con el cine) “ala Suar” y se despacha con grandes planos generales de espacios abiertos, naturales y hasta se da el lujo de recurrir al western en varias ocasiones. Pero no se queda sólo en la historia sino que se vale de la puesta en escena para generar construcciones premonitorias y marcas actorales que llevan a otros niveles de lectura en cuanto a narración completa en el plano. Por ejemplo, mientras Miguel Ángel (Imanol Arias) escucha una comprometedora conversación de Adrián, se esconde tras una estatua desnuda y su mano se apoya sobre los genitales de la misma para denotar cómo lo tendrá agarrado de las pelotas el resto de la fiesta.

Signos como estos sacan a la vista el compromiso del director con su película. Su planificación, su personalidad, los puntos a los que dio importancia para hacer una película, que en definitiva es hacer arte. Comercial, no comercial, original, agotada, pochoclo, personal, son adjetivos que caben a cada película en particular pero por ninguno de ellos pueden sacar a una película su carácter artístico. Se hable de Coppola o de Ed Wood, de Orson Welles o de Spielberg. El “cine arte” no existe, es una redundancia.

SÚPER 8

por Adryan
viernes, 05 de agosto del 2011 a las 20:00
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Director: J. J. Abrams

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La casa del monstruo (1, 2 y 3) es una trilogía que se considera perdida (hasta que revise la videoteca de mi tía). Tres películas que hice con mis primos y un gato cuando éramos chicos y no para pavear sino porque a esa edad siempre nos tomábamos los juegos muy en serio. Grabada en VHS y sólo proyectada una vez, logró un éxito de taquilla en el living de una casa. Nunca nadie más la vio. Y ya casi la había olvidado cuando descubro en Súper 8 las mismas pasiones que tenía antes, las mismas travesuras, las mismas fantasías, que claramente comparto con J. J. Abrams.

El año es 1979. Joel tiene 13 años y está filmando una película de zombies con sus amigos para participar de un concurso (hermoso homenaje a George A. Romero y un guiño sutil a John Carpenter). En una escena sobre la estación, un tren con cargamento militar extraterrestre descarrila provocando un accidente. Mientras intentan seguir filmando, día a día, cosas extrañas comienzan a pasar en el pueblo que se ha infestado de militares. Justo cuando Joe se está enamorando de Alice, ella es raptada por una extraña criatura y debe ir a buscarla.

Si bien la marca de Spielberg puede sentirse en todos lados (grupo de chicos “goonies”, bicicletas y militares que remiten a ET, padre ausente, luces brillantes de Encuentros cercanos...), Abrams se las ingenia para hacer un producto propio pero de un director que creció viendo a Spielberg y tiene la fortuna de que lo produzca. La generación de los cineastas de los ’70 en EEUU fue una camada agradecida con el cine, que elogió a sus maestros como lo hace en esta oportunidad el director. Las referencias/homenajes van al segundo plano de una narración dinámica y apasionada llena de recuerdos. Pero no un recuerdo pedorro de tango, lleno de nostalgia y melancolía, sino entusiasta, maravilloso. Una contemplación pasional de poder contar una historia de crecimiento, de aventura, de heroísmo, de un hogar destruido que se reconstruye. Que no cae en el facilismo de mirar hacia atrás como si todo fuera mejor que ahora (cosa que insinúa el sheriff), sino que se vale del ahora (efectos especiales) para ser más fiel al relato de su recuerdo. Abrams cuenta esta historia como un chico más, como su experiencia personal con una cámara en la mano a esa edad. Es un director que madura junto con el final de la película. La comedia, la ciencia ficción y lo sentimental tienen su lugar preciso sin desvariar ni espesar. Tal vez, nunca se hicieron tan presentes en pantalla las palabras de otro niño, un poco más caprichoso que Abrams: “La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño”.

ACA SI QUE NO SE COGE

por Adryan
lunes, 27 de junio del 2011 a las 16:54
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PRIEST: EL VENGADOR
Director: Scott Charles Stewart
Actores: Paul Bettany, Karl Urban y Maggie Q
Año: 2011

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Stewart estuvo en los departamentos de arte de varias buenas películas: Marte ataca (1996), Jurassic Park 2: el mundo perdido (1997), Sin City (2005), The host (2006), Grindhouse (2007), Duro de matar 4.0 (2007) e Iron man (2008). Lo que significa que trabajó con Tim Burton, Steven Spielberg, Robert Rodriguez, Bong Joon-ho, Quentin Tarantino, Len Wiseman y Jon Favreau. Para no levantar polémicas, digamos que son un puñado de lo mejor que está dando el cine de los noventa en adelante (y corto ahí). Un camino con esta gente supone un aprendizaje, una experiencia que pocos técnicos tuvieron y que puede dejar una huella en la mano de un director. Este no es el caso.

Aunque el garrón de Legión de ángeles (2009) me dejó un mal saber de boca, esta vez puse fichas a esta adaptación de un manga de Hyung Min-Woo. Perdí la apuesta. A la introducción de jardín de infantes sobre la batalla entre hombres y vampiros a través de los años (única parte que califica la película de +16), es seguida por una sociedad regida por una iglesia a mano de hierro que protege sus fronteras de saqueadores e indeseables. Los vampiros se suponen extintos. Confesarse, ir a misa y trabajar felices. Al que no le gusta, el destierro es automático. El clan de los Priest (curas/sacerdotes) está compuesto por brav@s hombres y mujeres que liberaron a la ciudad de la amenaza de los vampiros. Pero sus hazañas están en el olvido y su clan disuelto. Los que quedan, vagan por la ciudad como leones sin dientes. Pero la “sobrina” de un Priest es secuestrada e irá a buscarla aun contra la voluntad de los cardenales gobernantes que se niegan a suponer que los vampiros nunca estuvieron extintos.

 Película de acción oscura, con un toque de azules pálidos de Underworld (herencia directa de Len Wiseman) y la decadencia futurista y metálica de Blade runner o su equivalente nipón, Natural city. A nivel fotografía hay que admitir un trabajo prolijo, donde la ciudad encierra, asfixia pero protege y el desierto quema y amenaza, se crea una dicotomía en la paleta que demuestra calidad. Pero tanto en diálogos como en dirección actoral y los treinta minutos que sobran de metraje no dejan de ser una molestia. Las escenas de acción mano a mano son demasiado rápidas, y no hay excusas como en Batman (donde Christopher Nolan impone una velocidad estética de cómics) o The expendables (donde la velocidad ayuda a simular cosas que si se hicieran de verdad, medio elenco se rompe la cadera). Que se haga con Paul Bettany que no es un actor de acción, el hecho de ser inglés ya le juega bastante en contra, se perdona. Pero con una actriz acostumbrada a los bifes como Maggie Q (la nueva Nikita) o Karl Urban que ya recibió manotazos de Dwayne Johnson en Doom y de Vin Disel en Las crónicas de Riddick, no.

Por otro lado, los diálogos logran que lo dark se vuelva culebrón, cito: “El es su padre” o “Esperaba que con su muerte dejaras de sufrir” (añadir lágrimas en los ojos para meterle ganas). Que se espere que el espectador se sorprenda de un Priest (cura/sacerdote) que haya tenido sexo (pero antes de su ordenación y no con un pebete, malpensado) o que se deba sorprender como punto de quiebre en la trama, responde a una lógica de CIERTO CINE NORTEAMERICANO donde la gente ya no coge y reprime su libido. Nunca fue tan transparente una sociedad “tan liberal” que siempre quiso mantener los valores de la familia y un largo etcétera, cada vez más demostrado en su manera de hacer cine. Y encima tendremos que soportar una segunda parte.

KUNG FUERZA

por Adryan
lunes, 27 de junio del 2011 a las 15:14
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KUNG FU PANDA 2
Directora: Jennifer Yuh
Con las voces de: Jack Black, Angelina Jolie, Gary Oldman, James Hong.
Año: 2011

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La uno ya traía consigo las imitaciones que algunos hacíamos sobre películas de karate o los Power Rangers cuando éramos chicos. Creerse un “Guerrero Dragón”, agarrar las figuras de acción de los Caballeros del Zodíaco y hacerlos pelear contra playmobils y personajes del Mortal Kombat que venían en la revista Top Kids. La dos se potencia, ahora Po ya es una celebridad en el valle pero para ser un guerrero completo debe hayar su propia paz interior con los fantasmas de su pasado.

Shen es un pavo real expulsado del valle por su padre, el emperador. La dinastía cae sin herederos. Mientras la paz del valle se mantiene gracias a Po y Los cinco furiosos, Shen decide volver para reclamar el trono con un arma que puede eliminar el kung-fu para siempre. Pero antes de enfrentarla, Po deberá realizar un viaje para conocer el destino de sus verdaderos padres y el de todos los pandas. Y de esa manera lograr la paz interior para hacer frente a la guerra de Shen (moraleja muy subjetiva que no hace ruido en ningún momento).

Esta vez se pone un poco más seria en cuanto a la búsqueda de la identidad, de un pasado que está incompleto y debe resolverse para que el camino del héroe llegue a buen puerto. Pero nunca deja de lado la comedia física del gordito gracioso. Kung Fu Panda I y II refresca las aventuras chinas de un género cinematográfico muerto sobre templos Shaolin, maestros estrictos y alumnos jodones. Como todo buen cine: darse murra es lo primero, salvar a otros es secundario.

Un cuento chino

por Adryan
jueves, 31 de marzo del 2011 a las 21:19
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Dirección: Sebastián Borenzstein
Argentina 2011.

fhdsh

En el guión de Bastardos sin gloria (2009), aparecen notas de Tarantino sobre qué subtitular y qué no. No hay muchos directores preocupados por los subtítulos para generar un sentido dramático. Algo parecido es la burla que hace Austin Powers en Goldmember (2002, Jay Roach) con los espacios blancos de la puesta en escena que a veces no dejan leer con claridad las letras blancas en una película (recuerdo también las puteadas del público en el final de I.A. Inteligencia Artificial, 2001, de Steven Spielberg). En Un cuento chino se hace presente la autoconciencia al no subtitular el mandarín que se escucha en toda la película para generar empatía con Roberto.

Roberto es un ferretero al que la vida le ha pegado duro. Es ex combatiente de Malvinas, y lleva una vida metódica con horarios y rutinas. Vive solo y ya no quiere que nadie le rompa las bolas. Cumpliendo una de sus costumbres -ver a los aviones aterrizar en Ezeiza-, observa cómo tiran a Jun de un taxi, víctima de un asalto. Jun no habla español pero tiene un tatuaje con la dirección de la casa de su tío y, luego de mucho rogar en chino, Roberto lo lleva. El tío ya no vive ahí, así que en la embajada le piden a Roberto que aloje a Jun por unos días mientras lo ubican. Los problemas de comunicación y cultura son inevitables, más con un argentino obsesivo-compulsivo, pero pronto descubren que tienen más en común de lo que creen.

Cuando una película mantiene un ritmo fluido de principio a fin es un logro, pero cuando una narración es compacta, clara y utiliza los elementos de la puesta en escena para lograr personajes bien definidos desde el primer momento, es una habilidad. Un guión que no subestima al espectador, que lo deja construir, pensar la historia sin meterle planos detalles ni palabras de más. Con una atmósfera llena de argentinismo y un profesional de la puteada justa como es Darín, Un cuento chino es nutritiva y con las vitaminas necesarias para ser una comedia saludable para el espectador que desconfía del cine nacional. Llena de aire en los planos, con una escenografía light que no engorda la pantalla ni la vista. Y hasta ayuda con el tránsito lento para depurar cierto cine reflexivo y serio sobre racismo y conflictos nacionales. Es histórica sin tomar partido, es nacional sin ser pedante, es dulce sin ser empalagosa.

Editada y publicada en www.hataricine.com.ar

El discurso del rey

por Adryan
miércoles, 16 de febrero del 2011 a las 21:32
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¿CÓMO CONSTRUIR UN MONARCA?

Título: The King’s Speech
Director: Tom Hooper
Actores: Colin Firth, Geoffrey Rush y Helena Bonham Carter
País: Inglaterra

 DFASH

La película de época no es mi fuerte. Siempre tuve un rechazo al término “de época”. ¿De qué época? ¿Acaso Death race 2000 (1975) no es una película de época futurista? ¿O acaso Las locas aventuras de Robin Hood (1993) tampoco entra? La discusión sería interminable. Generalmente se llama así a los culebrones victorianos europeos de alta sociedad que nunca acusan una fecha precisa. Son como el género de terror, nunca pasa de moda (aunque el terror tiene que esperar lapsus de cinco o diez años para aparecer con un representante entre los nominados de los Oscar). Generalmente también son sinónimo de película infumable aunque debe destacarse que los trabajos de vestuario y arte, a veces actuaciones inclusive, son mucho más que la película en sí. También hay que reconocer ciertas agujas en el pajar del género como La joven de la perla (2003).

¡El Rey ha muerto, que viva el Rey! Lamentablemente, su primogénito Eduardo está más preocupado por la joda que por el trono. Al querer casarse caprichosamente con una yanki divorciada, debe abdicar el trono a su hermano Jorge (parece que no había lugar para imitar a Enrique VIII). Jorge VI (el padre de la Reina que en La pistola desnuda hace el primer lanzamiento en un juego de béisbol) no sólo se las tendrá que ver con ser el primer monarca que no sucede a un Rey muerto, sino que también la segunda guerra mundial es inminente. Además tiene que lidiar con un terrible pánico escénico y un tartamudeo que lo habían tenido al margen de la corona. La historia se mantiene entre el Rey (Colin Firth) y su “doctor” (Geoffrey Rush) hasta que el primero de ellos debe dar un discurso, por radio, avisando al pueblo de que la guerra con Alemania ya es una realidad.

Más allá del “basado en un hecho real”, Tom Hooper va construyendo un personaje completamente patético que escapa constantemente a su destino, logrando que todos los espectadores a veces le tengan lástima y otras bronca. Suele pasar en la vida que uno habla con un tartamudo o alguna persona con una afección en el habla y quiera terminar sus frases constantemente. Aquí se logra lo mismo, las trabas orales del Rey son insoportables. Todos los espectadores del cine abriendo la boca, tratando de ayudar, de acompañar al pobre hombre para que no deje colgadas las palabras por la mitad. Seguramente el director se vio en la problemática de tener que evitar el gag de las deformaciones faciales por los esfuerzos del personaje al querer hilar una oración y ha salido airoso. Los toques de humor se centran sólo en su terapeuta, que tendrá que reelaborar toda expresión oral de la boca del Rey. La expresión más primitiva que se usa al instante de nacer y la más importante a la hora de querer que algo salga desde el interior del cuerpo, la sensación más exterior que se produce en la exhalación del propio aire y que debe poder controlarse para que el resto pueda entender.

El discurso del Rey no es sólo una película de época, es una demostración de la política moderna, donde cada político es una puesta en escena programada. Donde el que no es líder puede hacerse pasar como tal si enfatiza en ciertas palabras o su expresión corporal lo acompaña lo suficiente. Tal vez cuando el “Doc” toma la cámara y dice “Con razón el Presidente es un actor, para verse bien” (Volver al futuro, 1985) sea un precursor de todo eso, de dar una imagen para que la gente vea. En este caso, dar una voz.. Por eso, cuando el Rey mira a Hitler dar un discurso, lo ve envidioso del talento retórico y de su infalible oratoria. Así, el Rey se va construyendo una voz, una fuerza oral para su pueblo en el momento de la guerra. Y también Hooper crea otra aguja en el pajar, mientras el monarca, conforme avanza la película, va alzando la cabeza eliminando poco a poco la vergüenza de ser quien le ha tocado ser.

La casa muda

por Adryan
viernes, 28 de enero del 2011 a las 15:47
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Director: Gustavo Hernández
Actores: Gustavo Alonso y Florencia Colucci
País: Uruguay
Año: 2010

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FANTASMAS CHARRÚAS

Hacía mucho tiempo que no veía una película de terror sin puteadas. La casa muda es muy humilde, se mueve en una casita perdida en Uruguay y no se aleja demasiado de las reglas del género. Y como subgénero de terror-en-casa, gana en cuanto a espacio no explorado y la falta de luz eléctrica. Jugando continuamente con espejos y linternas en “tiempo real”. Se habla muy poco pero se escucha mucho, un gran trabajo desde el sonido y la música que remite directamente a los pianitos punzantes de Carpenter en Halloween (1978).

Laura y su padre llegan a una casa antigua para refaccionarla y venderla. Llegan al atardecer para pasar la noche y comenzar las obras bien temprano. Cuando se disponen a dormir, los ruidos del piso superior no los dejan. Sube Wilson, su padre, y sólo se escucha un grito. Laura deberá descubrir el pasado que esconde la casa, antes de poder escapar de ella.
(Ojo, hay que quedarse después de los títulos para un final alternativo)

Del guión mejor no hablar, si bien el desenlace es bueno, está lleno de baches inentendibles. Ya desde el trailer, la curiosidad por ver la película se basaba en que “es filmada en una sola toma” y además “hecha con una cámara digital” (y también “basado en una historia real”). Perdonando que no sea verdad, que los cortes se notan y las fuentes de luz a veces se pasan de artificiales, el virtuosismo de la cámara se basa en la cantidad de planos secuencia y la precisión fotográfica de colocar espejos, logrando encuadres llenos de soberbia visual. Aun considerando estos logros, la película sigue siendo chiquita. Y es ese minimalismo, desde la experimentación, desde el animarse a cosas nuevas es que el género se hace grande. Desde Alien Abduction: Incident in Lake County (1998) pasando por la española Rec (2007) y la más fresca Paranormal Activity (que nació en 2007 como semillita pero germinó y creció y se convirtió en un repollo en 2009) que el cine de terror continua expandiendo los límites del fuera de campo desde las sensaciones y el efecto de realidad para provocar reacciones. Porque es en el terror donde iluminación, música, sonido, efectos y actuación deben ser un conjunto uniforme para que el pánico sea posible. Si funciona, es una película maravillosa. Más aún alrededor del Río de La Plata, donde pocas veces puede sentirse el terror en un circuito comercial.

La epidemia

por Adryan
miércoles, 12 de enero del 2011 a las 15:57
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Título original: The crazies
Director: Breck Eisner
Actores: Timothy Olyphant y Radha Mitchell
Año: 2010

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Cuando uno toma coraje y se dispone a ver la remake de una película que le gusta mucho, es inevitable entrar en el juego de las comparaciones. Ya sea estilo, efectos, sensaciones, nostalgias… Y este es un caso especial, ya que The crazies original fue hecha con un presupuesto mínimo en 1973 por George A. Romero. Director que aprovechó su cine independiente no solo para traer zombies sino también para hacer denuncia social. En este caso, el poder del sistema y sus militares. Tal vez esto de renovar una película debería tener que ver con que el mensaje debe renovarse. hay otras injusticias por explotar, como dijo José Ortega y Gasset: “Mientras el tigre no puede dejar de ser tigre, no puede destigrarse, el hombre vive en riesgo permanente de deshumanizarse”. Y no por dar a lugar a la frase fácil de “todo se está yendo al carajo” o “a nadie le importa nada” o la peor de todas: “antes vivíamos mejor”. Sino que creo que tal vez el cine más sincero de nuestro tiempo sea el de torturas (El juego del miedo, 2004 y sus secuelas) o el de sádicos personajes del sur de EEUU que raptan jóvenes en las rutas (El despertar del diablo, 2003) o lo más bizarro del Tarantino jodón (A prueba de muerte, 2007) y la juventud dinámica de Robert Rodríguez (Planet terror, 2007). No la sinceridad de a ver quién muestra mejor las tripas sino la sinceridad del género en lo social y sexual. No puede ser que todavía cierto cine norteamericano quiera imponer seriamente su WASP (White Anglo-Saxon Protestant, o Blanco Anglosajón y Protestante). O tal vez si puede. Ahí entra Disney con sus purísimos Jonas Brothers (para una mejor comparación: tomar Glee y HIgh School Musical, y analizar cómo tratan temas como la homosexualidad, la adolescencia y hasta el tratamiento de la música). Tal vez, la remake no sólo debería renovar los efectos visuales de su original sino que también renovar la denuncia social. Porque cosas de qué quejarse siempre va a haber y, gracias a Dios, año nuevo, quejas nuevas.

Un avión que transportaba un virus cae en un pueblito agropecuario de Iowa. Un par de pueblerinos comienzan a actuar raro, se cuelgan, queman casas con gente adentro, etc. Caen los militares y meten a toda la gente en micros escolares para empezar a liquidar al que tenga algún síntoma. Todo se va de las manos (sino no sería muy aburrido) y el Sheriff local, junto con su esposa, intentarán salir del pueblo, escapar de las garras de los militares y escapar a los infectados que sólo se dedican a matar al que se les cruce.

Por el lado de la nostalgia, está la misma patrulla que se usó en la película del ’73, además de la protagonista que pasa en bicicleta y un brevísimo cameo a Romero vestido de militar. Por el lado de lo formal hay un gran momento donde el director de la escuela viene arrastrando un rastrillo (póster de la película) para ensartar pacientes atados a las camillas. Hay un abuso del recurso de mostrar una futura victima de espaldas a un infectado en fuera de foco, demasiada anticipación al afecto susto que el asiduo al género previene de antemano agarrándose a la butaca o tapándose los ojos. Y luego comienzan las contradicciones: dar un mensaje de “qué malos son nuestros gobernantes y qué impunes las fuerzas armadas” (metáfora básica de los militares haciendo base en la escuela del pueblo y usando los micros escolares para transportar gente o los dedos saliendo de los camiones cual tren a Auschwitz) y en el final la pareja (heterosexual y esposada en santo matrimonio; el anillo se nos muestra en primerísimos primeros planos cuatro o cinco veces) es la que se salva y emprende un viaje a la ciudad para comenzar de nuevo con un primogénito en camino. La queja sólo queda de adorno para matar milicos. El sistema sigue en pié.

The crazies es el monstruo que cada uno lleva dentro. El virus sólo libera lo que la camisa de fuerza que son las costumbres y la vida en sociedad no deja salir. Romero así lo concibió y la remake de Breck Eisner (hijo de Michael Eisner, ex CEO de Walt Disney Co.) lo dejó de lado para hacer sólo una humilde película de terror efectiva en efectos pero vacía de sentido.

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